martes, 10 de enero de 2012

Sentir.

Una luciérnaga decidió renacer en otoño, entre el humo más negro del recuerdo. Condenada a vivir con un mísero corazón de reloj, ella deseaba poder arrancar sus latidos. El tiempo le pesaba, revoloteaba en busca de un discreto adiós efímero, para poder comenzar con un hola nuevo en calma. Necesitaba calma en estos vientos tan agitados. Perdida entre las corrientes de aire volaba verde, el verde más bonito que cualquier ojo pudiese haber visto en este precioso mundo. Llena de energía, se dirigía hacia el Sol en un contraste perfecto como quien suelta más hilo de una cometa para remontar, y ella no se rendiría. Era su meta, su sueño, algo por lo que lucharía hasta el final y por lo que decidió renacer en un duro otoño lleno de hojas esparcidas por el suelo. No importaría nunca cuanto costase ni lo duro que significase vivir eternamente con un tic tac en el pecho, ella estaba hecha para ser lo que ella quisiera ser.

1 comentario:

  1. Lo haga como lo haga la luciérnaga, me alegro de que haya decidido renacer...y más aún en el anaranjado y cálido otoño!:)
    Yo leo. Siempre...

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